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Descubre por qué las crepes eran un alimento para el cuerpo y el alma

Aunque se dice que las crepes son tan antiguas como la humanidad, las antecesoras de las que hoy comemos son las de Bretaña, en Francia, adonde llegaron con los peregrinos cristianos que las consideraban un alimento para el cuerpo y el alma    

Descubre por qué las crepes eran un alimento para el cuerpo y el alma
Descubre por qué las crepes eran un alimento para el cuerpo y el alma

Al parecer, las crepes son tan antiguas como la humanidad. Algunos dicen que se remontan a 7.000 años ante de Cristo, cuando se trituraban granos y se amasaban con agua. Claro en aquel tiempo eran más gruesas que las que hoy conocemos y se cocinaban sobre una piedra plana caliente. 

Las más parecidas a las crepes de la actualidad, aparecieron en la región francesa de Bretaña en el siglo XIII, cuando los cruzados llevaron trigo sarraceno a Europa. Este trigo crecía con facilidad en esa zona, porque requería de clima templado y un suelo ácido. 

(Foto de portada: Photo by Monika Grabkowska on Unsplash)

Las más famosas son las dulces como estas de banana y chocolate / Photo by Delaney Van on Unsplash


En la Bretaña de entonces convivían cristianos y algunos que aún practicaban religiones paganas. Todos celebraban, como aún lo hacen hoy, la Fiesta de la Candelaria (2 de febrero), con la ayuda del trigo sarraceno, que crecía rápidamente en la región. Para completar la celebración de ese día se ofrecían crepes, tortillas similares a unas que se ofrecían en Roma a los peregrinos cristianos.

La idea de ofrecer tortillas provino del Papa, quien las habría encomendado a los cocineros con la misión de hacer un pan sencillo y reconstituyente para los viajeros cristianos. Los peregrinos bretones regresaron a sus tierras apuntando que esas ricas tortillas eran un “alimento para el cuerpo y el alma”. Por eso, al celebrar la Candelaria decidieron usar el trigo traído por los cruzados para hacer estas crepes, una palabra derivada de crispus, es decir rizos, porque las crepes al doblarlas creaban una especie de rizo con sus bordes muy tostados.


Lo que los cristianos conmemoran en la Candelaria es la presentación de Jesús en el Templo, que según la Iglesia católica se realizó 40 días después de la Natividad. Ese día se hace un festival de velas (o candelas, de ahí el nombre de la celebración), que iluminan las iglesias. Para ellos las crepes son redondas para celebrar la silueta que forma la luz de una vela: es el paso de la oscuridad a la luz.

Los paganos aprovechaban la festividad cristiana para también honrar a sus dioses, en este caso utilizaban el excedente de harina para agradecer a la Tierra por las cosechas. Para los paganos, la forma de la crepe honra al sol.

Se dice que estas primeras crepes, aunque redondas, eran oscuras, debido al color del trigo. 

Con el tiempo, estas tortillas se hicieron populares en Francia porque involucraban pocos ingredientes y eran un pan muy sencillo. Por supuesto fueron evolucionando hasta involucrar rellenos salados y dulces.

Entre las crepes más conocidas están las Au Sucre, que sólo han sido espolvoreadas con azúcar; las Fourrées, que llevan crema pastelera; y las Aux Marron, que contienen castañas. Las bretonas son las tradicionales: se llaman crepes, cuando son dulces y galettes, cuando llevan rellenos salados, estas últimas aún se hacen con trigo sarraceno.

Alrededor del mundo son también conocidas y se comen en desayunos y meriendas. Los rellenos más populares son los dulces, aunque también se bañan en jarabes (de caramelo, de arce o chocolate).

La dulce Suzette
Pero la más famosa de todas es la crepe Suzette. Pero al igual que las crepes, su origen es incierto: se cuenta que fue un descuido de un cocinero, quien derramó licor de naranja sobre una crepe que preparaba para el rey; otra historia señala que fue un joven cocinero francés, quien la creó enamorado de una joven llamada Suzette.

Para hacer las crepes Suzette, primero haces la crepe y luego la doblas en triángulos. Pones a caramelizar azúcar en una sartén, luego le colocas el jugo y la ralladura de una naranja. Deja que hierva unos segundos y pones la crepe.  Bañas la crepe con esta salsa de naranja. Luego le pones dos cucharadas de brandy y dos de Grand Marnier. Flamea (colócate lejos al hacerlo) y luego pon una cucharada de mantequilla. Espera que se derrita la mantequilla y sirve de inmediato. 
 

Karla Sofía Espinoza

Periodista especializada en gastronomía. Enóloga de alma.+ info

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